lunes, 25 de mayo de 2020

Las casas en las que viví

 Mi mamá simpre decía "mudanza, fe y esperanza" cada vez que pasabamos por un lugar donde una familia estaba cargando muebles en un flete, o cuando veiamos al flete cargado hasta el tope con camas, mesas, sillas, circulando por la calle. Hoy, con la edad suficiente para dejar el nido, digo esa frase cada vez que me cruzo con un escenario parecido. 
 Ese presagio se hizo realidad para mi familia muchas veces, cuatro veces para ser más exacta. Me crié en el barrio Villa Urquiza, en una casa chiquita, que hicieron mis papás antes de casarse, con muchos esfuerzo y dedicación. Mi mejor recuerdo son las tardes de verano que pasé en el patio, con mi perra Ingra, mi hermana y mis vecinos; los cumpleaños donde alquilabamos un inflable y siempre venia mucha gente. En ese barrio vivia toda mi familia, mi tía Alicia a tres cuadras de mi casa, la tía Marta a diez cuadras y mis abuelos a mitad de camino de todas sus hijas.

Foto con mi hermana Victoria y mi perra Ingra

 Pero a los 8 años tuvimos que mudarnos, nos fuimos a una casa de dos pisos, sin patio, en el barrio Azcuenaga. Las cosas cambiaron muchisimo, nueva escuela, nuevos compañeros. Pero también fuí feliz. En esa casa, mis papás decidieron hacer un quincho en la terraza, para podes salir a respirar aire fresco, fue mi lugar favorito de la casa, pasaba tardes tomando terere con mis amigas, organizabamos encuentros con mis compañeros de la secundaria, y en otoño disfrutaba dormir la siesta en la terraza en el puf con una frazadita. 
 En esa casa no podíamos tener un perro grande; la Ingra ya no estaba con nosotros, asi qué mi mamá trajo una nueva integrante, a Mora, una caniche negra que pensabamos que era sorda porque no ladraba, el día que lo hizo llamamos a toda la familia para contarles. 
 Pero por la inseguridad del barrio debimos volver a mudarnos, la tercera vez, cada vez menos patio, menos aire libre, no podia pisar el pasto descalza para descargar energías; nos mudamos a un edificio en el Centro de Rosario. No fue el lugar que elegiría para vivir pero con 17 años fue lo mejor que me podía pasar. Para ese entonces me cambié nuevamente de escuela porque empecé la secundaria asi qué iba caminando porque me quedaba cerca, vivia a 10 cuadras del pleno centro, dejé de usar el coletivo, tenia los bares cerca de mi casa, pero no tenía mis amigos cerca. 

Foto con mis amigos de la secundaria en el balcon del departamento

 Es tan distinta la vida de departamento, al principio todos los ruidos son extraños, el palier, los vecinos de arriba, los de al lado, los de abajo! Pero lo más sorprendente para mí fue el ascensor, tenia que salir antes de tiempo de mi casa porque tardaba mucho en poder llegar a planta baja, esperando que venga el ascensor, en las horas pico era como un colectivo urbano, paraba en todos los pisos, pero despues de un tiempo me acostumbré. 
 Todos extrañabamos el pasto. el no tener vecinos en todos los costados de la casa, por eso nos mudamos a la localidad de Ybarlucea. Mis papás construyeron una casa con muchisimo patio. La primera que se mudó fui yo, mi familia estaba de viaje y decidí agarrar mis cosas y venirme porque ya no aguantaba seguir viviendo en un departamento. 
 Esta casa la denomino "último nido paternal" porque la próxima mudanza sera a mi propia casa, con mis perros y mis plantas.  























Foto del mapa de las casas

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